miércoles, 27 de junio de 2012

lunes, 28 de mayo de 2012

El teatro del espejo ¿qué clase de persona eres?




En homenaje a la película Persona de Ingmar Bergman aún sin haber visto, de él mismo, Como en un espejo. Y a pesar de que, en Hamlet ya existía el “teatro dentro del teatro” establecido oficialmente más tarde como una característica estética del teatro de entre guerra especialmente en Italia. Teatro  dentro del teatro, teatro dentro del cine, meta-teatro (a pesar de Chéjov), meta-cine (Bergman y Godard), persona con personaje y personaje con persona y personalidad con identidad y realidad con ficción y…

-          El Padre:      Para mí, todo el drama está en el convencimiento de que cada uno de nosotros
cree ser siempre el mismo. Y somos uno distinto, con cada persona nos hacemos la ilusión de ser siempre el que creemos ser. Nos equivocamos…”
-          El hijo:          ¿Pero todavía no se han convencido de que no pueden interpretarnos? ¡Sus
Actores, solo ven nuestra apariencia! ¿Creen ustedes que se puede vivir delante de un espejo que, no contento con apoderarse de nuestra imagen, nos la devuelve tan ridículamente desfigurada que nosotros mismos no la conocemos?
(Seis personajes en busca de un autor)

                                                                                                                                              …espectador con actor, y cine con la realidad y realidad con el cine, el cine con el teatro, teatro con el cine, el actor con el director, el director con el actor, el director con el cine y con el teatro. Lo teatral del espectador, el director y el actor grabados por una cámara. La vida del actor con su personaje y su personaje creado a partir de su vida, y los personajes no son personajes sino la vida de los actores, y los actores en los personajes, la vida de los espectadores, la realidad con la ficción (Lope de vega y Calderón de la Barca) ¿qué clase de persona eres?. La vida es sueño y el sueño invade la vida, la fotografía y el despertar. Pido perdón por confundir el cine con la realidad (L. E. Aute)… ¿Eres persona, o, solo un personaje que está siendo muy mal interpretado por el actor que eres?

Orestes, que ha llegado a tierras de Argos con su amigo Pílades, dispuesto a cumplir la venganza que le impone el mandato de Apolo, se encamina a casa del labrador, donde ha oído que mora su hermana. Presentándose ante ella como un amigo viene a traerle noticias de su hermano. Éste acude a un aciano para pedir provisiones y trae una inquietante noticia para Electra: en la tumba del Atrida ha encontrado un cabrito degollado y un bucle de rubios cabellos. Y es en ese momento en que Electra planea la venganza. La actriz gira frente a la cámara, sobre el teatro y con la luces de fondo; es Electra manifestada en el rostro de Liv Ullmann (Actriz de Persona) cuando se entera que ella, no es ella sino Electra y Electra no es Electra sino ella [en mitad de la obra se quedó en silencio y miró alrededor sorprendida, pareció callada durante un minuto… después se excusó diciendo que no podía contener la risa], y su Deus ex machina viene a continuación vestida de blanco: Alma, su alma (Bibi Andersson).  Ahora su Deus ex machina no es como en Electra, sino el silencio y la ausencia, la inexistencia, la brutalidad y la imposibilidad. Dejar de Actuar para vivir. Se encuentra con su yo en un aislamiento y el descubrimiento de qué clase de persona es, o pretende ser. 

“Cuando uno vive, vive y no se ve. Ahora bien, haced que se vea en el acto de vivir, presa de sus pasiones poniéndolo frente a un espejo: o queda atónito o desconcertado ante su propio aspecto, o desvía la mirada para no verse, o, indignado, escupe a su imagen, o levanta aireadamente el puño cual si fuera a destrozarla. Y si lloraba, ya no puede llorar y, si reía, no puede ya reír. De esto deriva a la postre, forzosamente, una desventura. En tal desventura consiste mi teatro”.                                                                                                                          
 (Luigi Pirandello)

…Y tenemos ante nosotros los dos rostros el de Bergman y el de Pirrandello…el de Elizabeth Vogler y la hermana Alma, el de Liv Ullmann y Bibi Andersson y el del niño y el mío, el espectador. Tenemos el espejo. Porque, cada ser es uno sino muchos. No somos ininterrumpidamente los mismos; somos “Upocrites” es decir Actores, el que se esconde tras la máscara, como significó el término en vocablo griego.

martes, 22 de mayo de 2012

...como un día de enero



Camino nuevamente. Pasaron por aquí con sus sensores. Se arrastraba, ligada, intencionada, pútrida una vaca en la ciudad. Tres personas corren por las calles, desesperadas. Una de ellas cae, es un niño y nadie se detiene a ayudarlo, los otros dos siguen sin parar. El niño mira el cielo con su iris fijo. No hay sol. No sé dónde estoy y la neblina no deja ver horizontes. El  suelo  está húmedo y hace calor. No hay más árboles. Queda el esqueleto de un pájaro carpintero que nunca logró hacer un hoyo en una farola. Huele a moho. Hay varias manchas  de sangre en los parques, en las aceras. Incontables son las cárcavas como cráteres. Un cable eléctrico tira chispas. El bulevar silencioso y algunas máquinas de los juegos de niños, en los centros comerciales, todavía se mueven y hacen su musiquita de Disney. Otra máquina que pesaba a las personas, habla diciendo: bibibienveeeenido, coooloca una moneeee, biiiieeeenveni colooo, biiien bieeeen nedaaa cooolomoneda. Los cajeros, las luces, los parlantes, los anuncios y los semáforos están apagados. Vidrios rotos, unas cuantas cucarachas y maniquís intactos, humo, humo, humo. Alguien grita. Disparos como si fuera el primero de enero. A lo lejos también, se ve que algo brilla, es una botella de vidrio. Hay edificio más alto que yo. El volcán tiene una rajadura hirviendo y las casas se han ido bajo tierra.  Un día, me acosté temprano, a la mañana siguiente no había luz y olía a pollo quemado. A salir de mi casa vi las llamas de una montaña de personas. Eran ellos. Dormí demasiado. Me hace falta un ojo y mi pierna derecha es mecánica. Este día me levanté temprano nuevamente y, camino buscando tu casa, te busco. Sé que vives, solo lo sé.

martes, 10 de abril de 2012

El mar es, un gran ojo triste.


Los hombres, afilan sus herramientas, desenredan las atarrayas. Los hombres morenos del sol. Hombres con piel brillante. Hombres que empujan sus lanchas. ¿De qué vive la gente de éste lugar? Pescan. - por la blanda arena que lame el mar- . Ellos afilan sus cuchillos, ensangrentados de sus ropas sacan lonjas del mantaraya, otros lavan, quitan las escamas. A dos dólares, a dos dólares el boca colorada.  Hay pescado secándose en las rocas, embadurnados de sal. – Me da la impresión de que son cadáveres como las imágenes que he visto sobre la segunda guerra mundial -. Mi único acercamiento con el agua, cuando de verdad me siento parte de ella, es cuando voy a la piscina todos los días. Me levanto temprano, llegó y pongo mi bañador, hago un breve calentamiento y me sumerjo. Desaparezco. 50 kilómetros para llegar a la otra orilla, y sentirme orgulloso de mí. Avanzo siguiendo la línea azul de los azulejos que están abajo. Avanzo con las piernas, respiro en la brazada derecha, me coordino con la izquierda, soy agua. – Lo más importante en la natación no es cuánto avanzas, sino, con qué calidad lo haces, lo importante es relajarse –. Relajarse implica ir con el agua, ser ella.  Desaparecer. Cuando nado, todo mi cuerpo está concentrado en una sola actividad, es por ello que mi mente se ocupa de muchas cosas. Respiro. Tomo aire por la boca y hago burbujas con la naríz. En el puerto, las mujeres venden calamares, langostas, cangrejos, conchas, tiburón, etcétera. Aquello está impregnado de sal y sangre. Todo es húmedo. Yo me tomo fotos, con mi bronceado, con mis gafas, y veo un barco, un helicóptero, vea la gente. Ellos (los pescadores) preparan sus lanchas, se aproximan y bajan al mar. Otros suben y traen la pesca, la ganancia. Hombres que le arrebatan al mar lo que le pertenece, y es por eso que de vez en cuando el mar se venga y nos arrebata a un hombre. Mientras otros bailan degustando de un platillo de langostas y filetes de res, pagando por que un conjunto musical toque sus canciones favoritas; otros buscan desesperados que un amor se le ha ido. – Yo le llamaba, le llamaba. Luego me dijeron que estaba desaparecido -. Cuando nado todos los días en la piscina, desaparezco. Te vas Alfonsina vestida de mar, que poemas nuevos fuiste a buscar. El mar es, como un cielo caído. La madre de Ulises ya no espera como Penélope, camina en busca de su hijo, camina hacia el horizonte del mar, se va y solo queda sobre el agua su velo mientras Penélope desesperada la ve, a la orilla de las olas. En la piscina el agua es estática, está muerta. En el mar el agua se mueve ¿por qué se mueve el agua?, porque está viva, porque el mar está vivo. De repente las olas son más fuertes y el guardavidas anuncia con su silbato que la gente debe salirse porque es la hora en la que la marea sube, pero la gente no entiende cuando se divierte. – “La gente está sentada tranquilamente, tomando el café mientras observa su televisor donde transmiten las estadísticas de los muertos… y siguen tomando el café tranquilamente” -  (Alejandro Casona “La Barca sin Pescador”).  Tres muchachos, hermosos muchachos, jóvenes, vivos, entran al mar, dos de ellos se salvan, el otro, desaparece.  – Hay marea roja - ¿Por qué el mar se pone rojo? No hay otra explicación, es sangre. El mar llora sangre. Está cansado, está furioso. El mar, no es “El mar” es “La mar”; porque es mujer, porque es madre. La mar sangra como una mujer en su periodo, llora como una mujer que ha perdido a sus hijos. Y se venga como una madre furiosa.
La mar es más inmensa que la tierra. ¿Y si me voy en esa dirección, recto, hacia el horizonte, voy a dar a Japón? …una voz antigua de viento y de sal, …Y te vas, más allá, como en sueño Alfonsina, vestida de mar… El mar es un gran ojo triste, de madre. El mar es un cielo caído, a donde va la madre de Ulises, a donde va Alfonsina, y donde se pierde Ulises. Un Ulises que fue vomitado nuevamente, entregado a una mujer que no sabe, que no ha sido madre. La mar se venga y tiene compasión de una mujer de cabellos ondulados (un cabello de mar o un cabello de sol), es Penélope.  Hace mucho, pienso, mientras avanzo hacia el otro lado de la piscina, perdí un Ulises y a una Alfonsina, arrebatados por una carretera y no por el agua. Avanzo y perfectamente podría quedarme, parar, detenerme en medio de la nada líquida, silenciosa, vacía y desaparecer de verdad en aquel largo carril de la piscina, aquella carretera. Eso pienso mientras nado, mientras avanzo. Pienso en Ulises y su angustia, porque él a diferencia de Alfonsina y la madre, no quería desaparecer en ese, inmenso, pero inmenso, cielo  - caído – Ulises que quería volver a ver a su Penélope. Un Ulises que volvió en una caja de madera envuelto, no en sal, sino en un montón de café. Y todos en el velorio tomamos café tranquilamente mientras otros comen langostas y pagan porque les toquen una canción que los hará bailar. Esa es la vida, esa es la mar. Te abrazo Penélope. No vuelve Ulises y nunca volverá, como Alfonsina, o como la madre. Me quedo en medio del carril, de la carretera, me termino mi langosta, corro a tomar café en un velorio y te abrazo Penélope, te abrazo para que descanses un instante y hablemos de lo salada que es la vida mientras caen de nuestros ojos gotas de mar.