lunes, 13 de enero de 2014

Mientras espero

No sé qué me está pasando que cuanto más envejezco, más pequeño me hago.

Hoy hace mucho volví a sentir esa sensación de cuanto tenía 13 años.

Estaba sentado en una roca esperando, con paciencia. Ella venía cada fin de semana. Era pesada, arrogante, muy masculina sentía yo o con una energía muy fuerte para mi. Me hacía sentir débil y vulnerable.

Llegaron las 5 de la tarde y yo en la roca donde habíamos quedado. Había esperado 2 horas. No sé por qué se iba a quedar los fines de semana con su tía, mi vecina. Apareció. Era un viernes, y ella aún con el uniforme, seguro despúes de la escuela tomó las malestas para su estadía con su tía. Yo quería creer que era por mi.

Platicamos hasta tarde como solíamos hacer. Era una roca grande en la que nos sentábamos. Creo que yo era el hermano que nunca tuvo, y yo creo estaba enamorado o también sentía que era como mi hermana.

Ahora está casada con una chica en Estados Unidos, a veces me escribe cartas enormes y yo le respondo escuetamente.

Mis ojos ahora están puestos por otro lado.

Hoy recordé la roca, a ella, porque vuelvo a sentir esa sensación de espera.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Me he vuelto un adulto

Cosas de este años que me vuelven un adulto.

Desde hace un tiempo me he negado a seguir escribiendo en este mi blog, hoy lo intento de nuevo como hijo pródigo. No suelo hacerlo, ahora, tan seguido por múltiples razones, la principal, es que esto es un compromiso conmigo que no he querido adquirir con seriedad.

En los últimos días me están sucediendo demasiadas cosas. En primer lugar hace un mes estrené Las Criadas, lo cual me da mucha satisfacción porque fue más de un año de preparación. La pequeña temporada fue un éxito.

En resumidas cuentas, estoy por egresar de literatura, de lo que sé nada. Pasado mañana me dan un premio en mi pueblo. He creado dos proyectos geniales para el otro año. Comenzaré mi tesis sobre el personaje en la dramaturgia de posguerra en El Salvador. Tengo programados dos viajes en enero. En fin.

Qué bueno y qué pesado, y como diría Alfonsina, lo más difícil
no es llegar a la cima, si no, mantenerse.
Amén.

PD: lo que me hace adulto es que tengo canas

lunes, 6 de mayo de 2013

Entre nos y entre vos

Ahí vamos de nuevo. Precisamente cuando alguna que otras fisuras dejan de ser arrugas y otras se vuelven maleza, los mosquitos atacan cada poro, como si los conocieran, como si fueran dueños de ellos, su cráteres.

Somos cráneos decía una amigo en una correspondencia, así, cráneos. Yo me siento inválido y enyesado, y me pica el yeso, me rasco y quedan cicatrices. Ahora más que nunca me vuelvo yeso, me vuelvo cicatriz  me vuelvo carne rasgada y morada, carne trémula-tímida, intima.

Mañana viene una migo de Nicaragua a quedarse conmigo, me causa una ternura enorme, tengo nada que ofrecerle pero es un espejo para mi. Yo necesito ayuda y tendré que dársela a otro. Y por otro lado sigo comunicándome con otras personas a través de un correo que posibilita originar el monólogo. Pero he aquí que soy nada y cuando eso pasa, me convierto a mí mismo, a buscar de entre algunas cosa qué queda de quién fui, o qué queda de quien soy.

Siguen picando los mosquitos, se llevan mi sangre, llora mi piel.

domingo, 24 de marzo de 2013

Un intento leve

A veces las cosa no van muy bien. Y ni siquiera la sintaxis está a favor.
Se juntan un montón de nudos de garganta.
Brotan espinillas donde no te lo imaginas, y duelen peor que en otros lados del cuerpo. Te hacen ver feo.
A veces te falla el botón de encender.
Se te termina la pasta de dientes, te toca con el enjuague nada más. Pierdes el cepillo ¿dónde está el maldito cepillo de dientes? Es muy importante cuidarse los dientes.
Tu muela cordal salió hace ratos y ahora te muerdes sin querer.
Siempre has tenido panza que te hace ver mal y ahora ha crecido mucho más.
Ves más porno que nunca.
Te depilas por primera vez las piernas con una afeitadora.
Comes rápido.
A veces, cuando las cosas no van muy bien, sientes que constantemente tropiezas. Pareciera que no manejas muy bien los zapatos.
No descansas.
Siempre estás pendiente de las redes sociales, en especial el Facebook.
Siempre hay alguien con quien hablas mucho y nada (los mejores amigos del mundo pero nunca nos abrazamos)
Esas veces se están convirtiendo en rutina.
Te desvelas escuchando música de Janis Joplin.
De repente te entran una ganas enormes de desnudarte, de emprender locura.
De tirarte.
De coger con quien siempre has querido pero que nunca se ha podido.
De visitar a tu abuelo que vive lejos y quedarte un día con él, que te cuente quién es.
Dan ganas de dormir mucho tiempo, como tres días.
Pero lo que hacés es emborracharte hasta el vómito que te representa y te devuelve la conciencia.
A veces pierdes a un ser amado. Borras poco a poco su foto mojando un paño con saliva y lágrima.
Mucha gente sin comida, sin internet, sin saldo, sin zapatos.
Mucha gente tiene mi edad y se queja, tiene crisis, se frustran, les da miedo llegar a los treinta.
Acongoja no tener amigos, hermanos, padrinos, hijos con quien joder y a quien extrañar.
A mi no me pasa todo esto, no me siento así. Yo soy feliz, yo tengo lo que quiero lo que siempre he querido.
Bueno, no todo. Quizás...
                                       solo a veces, hay un leve, muy leve intento de escribirle un papel, dejarlo bajo su puerta:
Hola, estoy vivo todavía.

sábado, 1 de diciembre de 2012

La educación nos ha fallado



Estoy calificando (o más bien intentando calificar) a mis alumnos de Artes Escénicas de la Escuela de Comunicaciones en la universidad donde doy clase, y no puedo calificar su último parcial.

Todos los criterios que puse en el test no son válidos. La pedagogía creo que ha fallado. Mis conocimientos sobre evaluación de los aprendizajes se han venido abajo. No solo se me viene todo, sino la evaluación como tal no tiene validez.


Ayer se presentaron en el Teatro Nacional de Santa Ana con un montaje de la obra Funeral Home del salvadoreño Walter Béneke en el que me sentía responsable de instruirles sobre el arte teatral y el arte de actuar. Esta obra significaba un gran compromiso por varios sentidos. En primer lugar, porque es una obra densa y por que tiene una estructura muy compleja donde en poco tiempo no era suficiente para asimilarla. Lo segundo, es que, es de un salvadoreño y un buen dramaturgo, quien creó la posibilidad de formación artística real en el país, es decir, creo el primer bachillerato en artes de donde los grandes del teatro salvadoreño estudiaron. Bueno, el punto es que estaba seguro que la camisa nos iba quedar grande y nos arriesgamos. Cuando uno se arriesga, o gana o pierde, solo tiene dos opciones. Lo importante ahora, no es hablar sobre el montaje, sino de mis alumnos y sobre la educación.


Como se imaginarán, teniendo en cuenta tanto elemento que los involucraba, en cuanto al tiempo, el espacio y sus capacidades (algunos era su primera vez). Todos de alguna manera se esforzaron, sobre todo los últimos días. Yo simplemente observaba, prestaba suma atención a sus comportamientos con respecto a la obra, su preocupación, su entrega y sobre todo el trabajo en equipo. Claro que muchas cosas no salieron como deseamos o como yo les dije que tenían que salir, pero en general era evidente que estaban dando lo mejor de ellos.


Por eso digo, los criterios de conceptual, procedimental y actitudinal ya no son válidos, es decir limitan al ser humano y éste es mucho más complejo, es más variable, es muy indescifrable. Cómo los voy a calificar si hay mucho elementos que no pueden ser calificables, que no tienen número, y que por consiguiente validan el hecho de que los seres humanos sobre todo en este tipo de actividades no somos un número, no los puedo encasillar. Para mi todos tienen 10 o no sé qué número, todos se esforzaron, todos sufrieron saber qué es estar en la tablas frente al gran monstruo que es el público. Ni aunque se les hubiera olvidados su parlamento, ni aunque el sonido halla entrado antes, ni que no estuvieran listos y el público estuviera esperando ansioso, y así, aún no se pueden limitar a un número todo la experiencia, es decir, el verdadero premio o calificación es la que ellos mismos se dan, es la experiencia misma. En fin, creo que cualquier criterio se queda inválido por que no logra definir o identificar al ser humano que se entregó, que por un momento estuvo vivo allí frente a otros. Por mencionar un ejemplo de un alumno que se retira de la universidad y aún así se presentó para hacer los suyo dentro de la obra, qué tendré que decir yo frente a esto: nada. Calificarlo sería perderle, sería descalificarlo, anular su existencia como tal, su brillantez y su responsabilidad y eso no es nada cuantificable.


Claro que todo esto responde a muchas cosas, es decir, a un sistema que te selecciona aunque los/mis alumnos, ni uno es más que otro y ni uno sufrió menos que los otros. La educación por consiguiente es parte y aparato potente de ese sistema que nos clasifica que nos discrimina o nos acepta y es por eso que la evaluación se vuelve una arma súper afilada por parte de cualquier docente. Y como los estudiantes poco reflexionan, mucho se gradúan sin darse cuenta que tener 10 o 6 no significaba nada. Pero este sufrimiento se debe también a que las instituciones educativas ponderan al que tiene 10 mucho más que al que tiene 6, o en su efecto destructor, eliminan al que tiene 5 y no se puede superar. Entonces esto conlleva un trauma para el joven cuando tener un 5 de nota no significa más que nada. No es malo tener un 5, nunca.


Concluyo que todos somos distintos, y las capacidades que tiene uno puede que no las halla desarrollado el otro y ni siquiera debe desarrollarlas si no quiere. Somos distintos y esos nos hace hermosos seres humanos. No tenemos por qué ser igual a otros, tenemos que pensar como nosotros y desde nuestra filosofía. La educación intenta uniformar y por eso tiene como herramienta la evaluación y entonces se vuelve muy agresiva y comienza a tener validez "el mundo sin escuelas (Ivan Illich)" y pienso es la capacidad autodidacta donde es posible de verdad el aprendizaje significativo, es decir lo que de verdad a uno le interesa saber y estudiar. Pero cuando esto sea cierto, yo ya no estaré dando clases o ya no estaré vivo; bueno, si es que llega a suceder. Contra una estructura tan arraigada como el estado y la educación un individuo en la nada como yo... (una golondrina no hace verano) es mejor darle un 5 para eliminarlo.


La educación nos ha fallado, es una mentira.


Y aquí estoy, como parte indiscutible de eso que llamamos "educación para la liberación, para crear cultura, ciencia, etc", violándome a mi mismo, intentando poner una calificación, un número a mis alumnos aunque me niegue. Por que soy parte de toda esta miasma y soy también un asesino de sus individualidades.


Perdónenme mis queridos compañero, mis alumnos, perdonen lo mal docente que soy. Perdón por ponerles una nota.